Hace algunos años, inmersa en un violento proceso de quejas y susceptibilidad, de la mano amorosa de Edison Carneiro y de su mujer, me llegó la invitación al bien aventurado despertar:
“¿Por qué tanto susceptibilidad cuando fuiste tu quien elegiste estar aquí trabando está batalla?”
Y como en un pase de mágica, algo hizo clic en mi interior y permitió que una nueva etapa tuviese inicio en mi vida, posicionandome en el centro de mi problemática y ofreciendome nuevos instrumentos de liberación.
Como regalo de despedida, este amigo me entregó el libro “Indulgencia” de Emmanuel, a través de las benditas manos de Chico Xavier. Se trata de un libro sencillo, con mensajes escritas en un lenguaje muy directo, destinadas a disipar la sombra que nos impide ver la luz del nuevo tiempo que se cierne a nuestro alrededor.
“Utiliza las bendiciones del olvido temporario y de los valores potenciales de cada día, trabajando en favor de la propia elevación, porque más tarde, la memoria te será restaurada en el santuario interno y bendecirás el dolor y la lucha del ahora por los preciosos recursos de reajuste, concordia y sublimación.”
Cuando estamos inmersos en las redes de la susceptibilidad, una de las frases más habituales en nuestros labios empiezan en “¿Por qué?” . Este tipo de pensamiento y reflexión nos ata al pasado, alimentando el proceso doloroso que llama a nuestra puerta. Según Joanna de Angelis, “Rememorar es revivir”.
En ocasiones la curiosidad que sentimos sobre ¿quiénes fuimos en el pasado?, ¿qué hicimos en el pasado?, son apenas distracciones que nuestra alma utiliza para no emprender en el hoy, las acciones reales que nos liberarían del peso de nuestro pasado.
Emmanuel nos recuerda en multitud de ocasiones, que “el hoy es todo lo que tenemos”.
“Hay quien suplica el infortunio del cuerpo para corregir los abusos del alma y hay quien reclama la pobreza para huir a las tentaciones del oro en exceso.
Entretanto, una vez cruzada la puerta de la cuna, la alma retorna a las tendencias antiguas que le presidieron en el pasado la extraña felicidad de la sombra y modifica el ruego, exigiendo reconforto y ventajas terrestres, recusando el remedio que le podría restituir la salud espiritual.
Si te despertaste así para la realidad, no reniegues la cruz salvadora de tus inhibiciones a la ruta del desespero.
Soporta las dificultades con amor en la certeza de que la muerte vendrá un día a aclararte el pensamiento y devolverte la visión.
Es natural que solicites socorro a la infinita bondad de Dios, sin embargo, no ruegues servicio conforme tu capacidad, más si capacidad según el servicio que te compete.”
Solicitemos pues fortaleza a Dios para emprender el trabajo regenerador que nos compete y abandonar definitivamente la ociosidad, la queja y la ilusión de responsabilizar el otro por el dolor que llama nuestra puerta.
¡Buena semana a todos! ¡Que Dios os ilumine!