Comentando el Evangelio: “Amad a nuestros enemigos”

Capítulo XII Amad a nuestros enemigos

Mucha gente cuando lee el título de este capítulo por primera vez, piensa que este capítulo no les dice respecto, ya que en general no tienen enemigos. Pero superada esta primera impresión, si continúan leyendo, verán que nos permite una lectura más profunda.

La invitación “amad a nuestros enemigos” me hace sentirme frente a un desafío.

Perdonar = Olvidar

Las propuestas deducidas en el texto son:

  • amad a nuestros enemigos
  • hacer bien a los que nos odian
  • orad por los que nos ofenden y calumnian
  • sed llenos de misericordia
  • prestar sin recibir nada a cambio
  • no sentir ni odio, ni rencor, ni deseo de venganza

Cuando amamos al enemigo o a aquel ser que trae el dolor a nuestras vidas, en realidad, estamos reconociéndonos, como especie, como seres falibles. Estamos aceptando la temporalidad de nuestro errores, como seres eternos en evolución.

Pero, ¿Cómo amar a un enemigo?

Emprendiendo un largo recogido, que a través de etapas, a través de pequeños pasos nos conduzcan a la liberación:

  • Enfriando el odio
  • Evitando la presencia y el recuerdo del momento doloroso
  • Aceptando que todo dolor que llega a nuestra puerta, hace parte de una historia de siembra y recogida, echa por nosotros mismos, a través de la ley de causa y efecto
  • Entendiendo que el error del otro hoy, es nuestro error de ayer, que es necesario perdonar, porque también nosotros en muchas ocasiones, hemos necesitado del perdón ajeno

La clave es el tiempo, la paciencia, la confianza en Dios. Cristo en su venida al planeta, nos dejo una frase que todos conocemos “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”

¿Estaremos nosotros en condiciones de tirar alguna piedra sobre la conciencia ajena?

Amar en relación a nuestros enemigos es educar la emoción. Es salir de la animalidad. Es dejar de conyugar el verbo “reaccionar” para conyugar el verbo “actuar”. Amar a nuestros enemigos, es un largo camino, es un acto de entrega y de confianza en Dios, y en nosotros mismos como seres en evolución.

Como almas, nos relacionamos las unas a las otras, con base a la ley física de la atracción. Ya que todo en el universo es energía, todo es quantum energético. Así que aquél ser, que trae a nuestra puerta el dolor y el sufrimiento, viene atraído o invitado, por nuestra propia debilidad. Amemos y nos haremos fuertes. Vigilemos nuestros pensamientos y nos haremos buenos.

¿Qué podemos hacer por nuestros enemigos? La oración, el más poderoso antídoto al alcance de todos los seres inteligentes. El control de nuestras emociones. Así encontramos con otra asertiva traída por Cristo “Vigilad y orad” son los instrumentos que nos permitirán no emitir ondas mentales negativas, que mantendrían la imantación con aquellos que nos hirieron.

Asimismo, por nuestros enemigos desencarnados es necesario tener verdadera piedad. Orar mucho y confiar que Dios nos dará en el futuro, una nueva posibilidad de rescate. La vida en la erraticidad dificulta a aquel que aún no perdono, dar pasos en esta dirección. En general porque su pensamiento no dirigido a intenciones más nobles se mantiene preso a aquel momento doloroso y este pasa a ser el centro de sus atenciones, por ello es fundamental, que el encarnado actúe y se mejore moralmente. Para nosotros encarnados, resulta más fácil dar el primer paso.

Para apaciguar una persona que se siente herida, creo que el primer paso es reconocer la extensión de nuestro desvío, y realizar un cambio de actitud sincero y profundo.

La ley del ojo por ojo, derogada por la ley de “amar al prójimo como a sí mismo”, y la de “perdonar 70×7 cada ofensa”, es una ley que posibilitará el progreso del mundo, que hará que los odios y pasiones milenarios vayan enfriándose. El que llevaba el hombre a retribuir ojo por ojo, injuria por injuria, era la falta de creencia en Dios y en su justicia, era la creencia falsa de nuestra superioridad sobre el otro (  volvemos aquí al punto 9 del capítulo IX La Cólera ver: http://espiritistas.es/index.php/archives/380

Tengamos presente que amar es libertarse, es recuperar la cordura y que los sentimientos negativos que alimentemos hacía los demás, sólo nos harán sentirnos infelices, llenos de victimismo y melindre. Mantenerse en esta postura emocional, solo nos conducirá a retrasar el encuentro que todos tendremos que hacer tarde o temprano, con la verdad libertadora de que el dolor de hoy es el resultado de la siembra desastrosa del ayer.

Amemos nuestros enemigos, como el primer gran paso libertador que nos permitirá alzar el vuelo, dejando a tras nuestros propios errores.

Que la luz que el Cristo de Dios trajo al mundo hace 2000 ilumine nuestras consciencias y nos permita ver la verdad que duerme en nuestras almas.: