ESDE Mod. II Guía I · ¿Que es Dios?

Hoy martes, a las 21h00 hicimos el primer estudio de ESDE en la sala http://www.paltalk.com/g2/group/1370363284/

El tema tratado nos permitió desarrollar los siguientes razonamientos:

Repasando la idea que los hombres tenían acerca de Dios, durante las distintas etapas de la evolución de la humanidad, hemos podido constatar que los primitivos encontraban a Dios en la naturaleza, lo temían y adoraban a la vez, lo consideraban responsable de la felicidad y de la abundancia, así como de los castigos que ponían en riesgo su existencia.

Aún pasado este momento primitivo de la historia, la idea del Dios castigador siguió vigente, pero tomando nuevo rumbo, porque ya no era fruto de la inocencia del primitivo, pero si de una proyección, ya que le atribuyamos a Dios nuestras propias pasiones. La humanidad temía la ira de Dios.

Pero es solo con la tercera revelación que finalmente entendemos y podemos contestar la pregunta ¿Qué es Dios? Al entender que es la inteligencia suprema. Al comprender que aún nos faltan sentidos -debido a nuestra actual inferioridad- para percibirlo en toda su dimensión. Al empezar a sondearlo a través de sus atributos ( ver ESDE Programa II Guía II · Atributos de Dios )  nos resulta más fácil desarrollar una conducta responsable ante la vida.

Mientras veíamos a Dios como un ser sobrenatural, que obraba con ira y castigos, aún estábamos en nuestra infancia espiritual. En esta época del desarrollo humano, es común oír frases como:

¿Qué hice yo para merecer esto?

Dios no existe

Si existiese Dios, no hubiese permitido que esto pasase

Dios no es justo

Después de esto no quiero saber nada de Dios

Dios nunca me dado nada

Cuando pasó esto Dios estaba mirando hacia otro lado

Otro comportamiento común durante nuestra infancia espiritual, es la negociar con Dios con base a cuestiones materiales:

Si me haces esto, te prometo que…

Yo rezo, rezo y rezo y no cambia nada

He pagado misas e hice donaciones para que Dios me perdonase

Estas afirmaciones, normalmente emitidas en momentos de grandes pruebas y dolores personales,  son la expresión real de nuestro desconocimiento en cuanto a la naturaleza real de Dios, sus atributos y sus leyes.

Al empezar a comprender su real naturaleza y conocer sus atributos a través del intelecto, estas frases pierden el sentido.

En esto radica la importancia capital de entender ¿Qué es Dios?, aún que sea desde nuestro punto de vista limitado, se trata de un paso fundamental en nuestra evolución espiritual y de un gran ejercicio de responsabilidad.

Al comprender que Dios es amor, ya no podemos atribuirles responsabilidad por actos de desamor que se manifiestan en nuestra sociedad, de forma que se nos hace necesario, reflexionar y estudiar los hechos para comprender la causa de ellos y combatirlos. Al establecer que Dios es justo, ya no podemos atribuirle ninguna injusticia y así sucesivamente con relación a cada atributo.

Estableciendo claramente que cosas proceden de Dios y que cosas suceden en nuestras vidas a raíz de nuestros propios actos, nos vemos obligados a despertar del victimismo ancestral a que estamos acostumbrados y volver a mirar a las situaciones de nuestro día a día, buscando nuestras preguntas y respuestas.

Estas son algunas de las razones por las cuáles el espiritismo, estableció como primera piedra de su edificio este punto, haciendo que la primera pregunta del “Libro de los Espíritus” fuera ¿Qué es Dios?

Con cada nueva encarnación iremos ganando más y más conciencia de Dios y este conocimiento será portador de esperanza, paz y vida abundancia.

Texto original:

PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS
Allan Kardec colocó al principio de «El Libro de los Espíritus», un capítulo que trata
exclusivamente de Dios. Con eso pretendió expresar que el Espiritismo se basa, en primer
lugar, en la idea de un Ser Supremo.
Los Espíritus definieron a Dios como «( . . .) la Inteligencia Suprema, causa primaria
de todas las cosas.» (1) Mientras tanto, en ese conjunto inmenso de mundos y cosas que
constituyen el Universo, es tal la grandeza, la magnitud y son tales el orden y la armonía,
que todo eso, que está infinitamente por sobre la capacidad del hombre, solo puede ser
atribuido a la omnipotencia creadora de un ser soberanamente inteligente y sabio, que es
ineludiblemente el Creador de todo cuanto existe.
Sin embargo, Dios no puede ser percibido por el hombre en su divina esencia. Aún
después de liberarse de los lazos corporales, disponiendo de facultades perceptivas menos
materiales, el Espíritu imperfecto no puede tampoco percibir totalmente la naturaleza divina.
Puede, no obstante, el hombre, aun en la condición de relativa inferioridad en la que
se encuentra, tener pruebas convincentes de que Dios existe, provenientes de dos diferentes
caminos, que trascienden los de los sentidos: el de la razón y el del sentimiento.
Racionalmente, no es posible admitir un efecto sin causa. Contemplando el Universo
inmenso, la extensión infinita del espacio, el orden, y la armonía a los que obedece la
marcha de los innumerables mundos; contemplando además los seres de la naturaleza , los
minerales con sus admirables formas cristalinas, el reino vegetal con su exuberancia y con
una variedad de plantas casi infinitas, los animales con sus portes altivos o la fragancia de
ciertas aves y las miríadas de insectos; sondeando también el mundo microscópico con
incontables formas unicelulares, toda esta inmensidad, profusión y belleza nos obligan a
creer en Dios, como causa ineludible. Pero si preferimos contemplar solamente lo que es
nuestro cuerpo, ¡cuanta armonía descubriremos también en nuestro ropaje físico, en las
funciones que se ejercen independientes de nuestra voluntad con un ritmo perfecto! En las
maravillas que son nuestros sentidos; los ojos admirablemente dispuestos para recibir la
luz reflejada en los cuerpos, condicionando en el plano físico la percepción de los objetos
y de los colores; el oído, deliberadamente estructurado para la percepción de sonidos,
melodías y grandiosas sinfonías; el olfato, el gusto, el tacto, son otros tantos sentidos que
nos permiten tener información acerca de la naturaleza de las cosas. Toda esa perfección,
la armonía de la creación de un ser supremamente inteligente y sabio, al cual llamamos

PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOSAllan Kardec colocó al principio de «El Libro de los Espíritus», un capítulo que trataexclusivamente de Dios. Con eso pretendió expresar que el Espiritismo se basa, en primerlugar, en la idea de un Ser Supremo.Los Espíritus definieron a Dios como «( . . .) la Inteligencia Suprema, causa primariade todas las cosas.» (1) Mientras tanto, en ese conjunto inmenso de mundos y cosas queconstituyen el Universo, es tal la grandeza, la magnitud y son tales el orden y la armonía,que todo eso, que está infinitamente por sobre la capacidad del hombre, solo puede seratribuido a la omnipotencia creadora de un ser soberanamente inteligente y sabio, que esineludiblemente el Creador de todo cuanto existe.Sin embargo, Dios no puede ser percibido por el hombre en su divina esencia. Aúndespués de liberarse de los lazos corporales, disponiendo de facultades perceptivas menosmateriales, el Espíritu imperfecto no puede tampoco percibir totalmente la naturaleza divina.Puede, no obstante, el hombre, aun en la condición de relativa inferioridad en la quese encuentra, tener pruebas convincentes de que Dios existe, provenientes de dos diferentescaminos, que trascienden los de los sentidos: el de la razón y el del sentimiento.Racionalmente, no es posible admitir un efecto sin causa. Contemplando el Universoinmenso, la extensión infinita del espacio, el orden, y la armonía a los que obedece lamarcha de los innumerables mundos; contemplando además los seres de la naturaleza , losminerales con sus admirables formas cristalinas, el reino vegetal con su exuberancia y conuna variedad de plantas casi infinitas, los animales con sus portes altivos o la fragancia deciertas aves y las miríadas de insectos; sondeando también el mundo microscópico conincontables formas unicelulares, toda esta inmensidad, profusión y belleza nos obligan acreer en Dios, como causa ineludible. Pero si preferimos contemplar solamente lo que esnuestro cuerpo, ¡cuanta armonía descubriremos también en nuestro ropaje físico, en lasfunciones que se ejercen independientes de nuestra voluntad con un ritmo perfecto! En lasmaravillas que son nuestros sentidos; los ojos admirablemente dispuestos para recibir laluz reflejada en los cuerpos, condicionando en el plano físico la percepción de los objetosy de los colores; el oído, deliberadamente estructurado para la percepción de sonidos,melodías y grandiosas sinfonías; el olfato, el gusto, el tacto, son otros tantos sentidos quenos permiten tener información acerca de la naturaleza de las cosas. Toda esa perfección,la armonía de la creación de un ser supremamente inteligente y sabio, al cual llamamos Dios.

Por el sentimiento más que por el razonamiento, el hombre puede comprender la

existencia de Dios. No obstante, existe en el hombre, desde el más primitivo hasta el mas

civilizado, la idea innata de la existencia de Dios. De manera que por sobre el razonamiento

lógico, nos da prueba de la existencia de Dios la intuición que tenemos de Él. Y Jesús, al

enseñarnos a orar, nos lo reveló como Padre: «Padre Nuestro que estás en el cielo, santificado

sea tu nombre (…)»

Por lo tanto, el Espiritismo tiene en la existencia de Dios el mas grande de sus principios,

ubicado en la base misma de la Doctrina. Sin pretender dar al hombre el conocimiento de

la naturaleza íntima de Dios, se permite argumentar que prueba su existencia la realidad

palpitante y viva del Universo. Si éste existe, ha de tener un divino autor.

«(…) La historia de la idea de Dios nos muestra que ésta siempre estuvo en relación

con el grado de intelectualidad de los pueblos y de sus legisladores, correspondiendo a los

movimientos civilizadores, a la poesía de los climas, a las razas, al florecimiento de los

diferentes pueblos; en fin, a los progresos espirituales de la Humanidad. Si desconocemos

por el curso de los tiempos, asistimos sucesivamente a los decaimientos y tergiversaciones

de esa idea imperecedera que, fulgurante algunas veces y otras eclipsada, puede, sin embargo,

ser siempre identificada en los acontecimientos de la Humanidad». (5)

Por los movimientos revolucionarios que gradualmente fueron transformando la

mentalidad de la sociedad humana, a costa de las ideas, opiniones y conceptos emitidos por

los sabios, filósofos, científicos o religiosos, podemos decir que si por un lado «la ignorancia

había humanizado a Dios . . . la ciencia lo diviniza (…)» (4) por otro.

«(…) En tiempos pasados, Dios fue hombre; hoy Dios es Dios . . . . El Ser Supremo,

creado a la imagen del hombre, hoy ve desvanecerse poco a poco esa imagen, sustituida por

una realidad sin forma . . . . En otros tiempos Júpiter empuñaba el rayo, Apolo conducía el

Sol, Neptuno era el señor de los mares . . . . En la idolatría de los budistas, Dios resucitaba

un muerto sobre la tumba de un santo, hacía hablar al mudo, oír al sordo, crecer a una

encina en una noche, emerger del agua a un ahogado. . . . develaba al extático las zonas del

tercer cielo, conservaba sano y salvo a un mártir en medio de las llamas; en un abrir y cerrar

de ojos, transportaba a un predicador a cien leguas de distancia y derogaba, a cada momento,

En realidad, poco sabemos acerca de la naturaleza divina. « . . . Él no es el Varuna de

los Arios, el Elim de los Egipcios, el Tien de los Chinos, el Ahura Mazda de los Persas, el

Brama o Buda de los Indios, el Jehová de los Hebreos, el Zeus de los Griegos, el Júpiter de

los Latinos, ni aquel a quien los pintores de la Edad Media entronizaron en la cúspide de los

cielos.

Nuestro Dios es un Dios todavía desconocido, como lo era para los Vedas y para los

sabios del Areópago de Atenas . . . .» (5) No obstante, en el estado evolutivo en el que nos

encontramos podemos sentir «. . . que Dios no es una abstracción metafísica, un ideal que

no existe, … No, activa. Dios es nuestro corazón. Él nos esclarecerá con su luz, nos infundirá

animo con su amor, expandirá sobre nosotros su alma inmensa, su alma rica de todas las

perfecciones; por Él y solamente en Él nos sentiremos felices y verdaderamente hermanos,

fuera de Él solo encontraremos oscuridad, incertidumbre, decepción, dolor y miseria moral

(…)» (3)

Tal es el concepto que nuestra inteligencia, en la fase evolutiva en que se encuentra,

pueda formarse acerca de Dios.

sus propias eternas leyes(…)

La mayoría de los creyentes conceptúan a Dios como un superhombre que, lejos de

nosotros, está sentado sobre nuestras cabezas, presidiendo nuestros actos (…) « (4)