Vigilancia

Muchas veces hemos recordado la advertencia del Cristo “Vigilad y Orad”.

En los tiempos que vivimos, se hace más necesaria que nunca estar atento a nuestro mundo mental.

Así que os invito a practicar una vigilancia activa.

¿Cómo nos encontramos hoy?

    ¿Cómo es nuestra conversación?

      ¿Cuáles son los temas que tratamos habitualmente? ¿Empleados palabras ofensivas, desesperanzas, coléricas?

        ¿Cómo nos hacen sentir las personas que nos rodean?

          Cuando nos acercamos a este o aquel compañero de camino, ¿qué sensaciones físicas y mentales percibimos?

          Cuando un compañero se acerca de nosotros con un rol interminable de reclamaciones, ¿Cuál es nuestra postura mental? ¿hacemos sintonía mental con ello, bajando nuestro nivel de pensamiento, contaminándonos de sus tristezas? o por el contrario ¿Realizamos una escucha proactiva, en ambiente de vibración a favor de aquel que tenemos delante, pero sin dejarnos envolver por su ambiente espiritual?

            Es fundamental que tomemos consciencia de que somos los artífices de nuestra vida.

            Es fundamental que seamos conscientes de los problemas de sintonía, afinidad e influencia espiritual al cual estamos sujetos en todos los momentos de nuestra vida.

            ¿Cuál es la solución? ¿Vivir en una montaña aislado de los demás para no ser afectados por las personas que nos rodean?

            No, definitivamente. Somos llamados a vivir en sociedad, a ayudarnos los unos a los otros.

            Si sanos, no podemos huir de la compañía de enfermos.

            Si esclarecidos, no podemos huir de la compañía de aquellos que aún no habitan la luz.

            Por esto la vigilancia se hace fundamental, identificar donde termina el “yo” y donde comienzan las influencias.

            Por esto la importancia de aquellas palabras, “vigilad y orad”.

            Amigos y compañeros de jornada, el autoconocimiento se hace impostergable.

            Dicho esto, volvamos al principio ¿Cómo nos encontramos hoy?