Cuando perdemos a un ser querido nos dejamos llevar por el dolor y la desesperación. Alguna vez ese dolor lo llevamos por mucho tiempo y se convierte en una herida que no cicatriza.
La doctrina espirita nos enseña que no es un adiós, sino un hasta luego. Apenas se trata de una separación temporal, pues aunque no los sintamos físicamente a nuestro lado, su espíritu nos visita más a menudo de lo que podemos imaginar. Algunas veces nos dan un beso, nos hacen una pequeña caricia y nos infunden ánimo para seguir.
Debemos orar por ellos y recordarlos con alegría, dando gracias a Dios por el tiempo que nos permitió estar junto a ellos.
Pero también es nuestra obligación continuar con nuestro camino, al igual que ellos en el otro plano, para el día en que el Padre nos permita el reencuentro.
No es bueno ir asiduamente a visitar sus tumbas, puesto que no solo nos agravan nuestras heridas, sino que además podemos con esto entristecerlos con nuestros sentimientos de la pérdida. Allí en el túmulo descansa su cuerpo físico, recordemos que su alma es inmortal, al igual que la nuestra.
Es recomendable que nos deshagamos de sus pertenencias terrenales, puesto que los más apegados a la materia pueden sentirse atraídos por estas. Recordemos que los recuerdos están en nuestro corazón, no en la materia y será el único equipaje que se nos permita llevar al final de nuestros días en la Tierra. Quizás nos resulte difícil, pero es lo mejor que podemos por ellos y por nosotros.
Regalemos sus cosas a los que más lo necesiten, practicando la caridad, recordando que lo que realiza la mano derecha no debe saberlo la izquierda. El Padre nos lo devolverá con creces, infundiéndonos el ánimo necesario en nuestro corazón.
Confiemos totalmente en Dios y nos enviará la fortaleza suficiente, siempre que nuestro ánimo esté bien dispuesto a trabajar en curar nuestro dolor.
Un centro espirita puede hacer mucho por nosotros en estos casos de pérdidas, pues esta amorosa familia nos ayuda en encontrarnos a nosotros mismos y sobre todo, a Dios.
El dolor irá desapareciendo paulatinamente con la ayuda de los miembros que conforman el centro, llegando a un momento en el que valoraremos el esfuerzo realizado mediante nuestra fe en Dios, llegando incluso a preguntarnos cómo es posible que volvamos a sentir la alegría de vivir si poco tiempo antes no podíamos ni levantar cabeza.
Finalmente, esta psicografía de Chico Xavier nos puede abrir los ojos de ver, como dijo Jesús y ayudarnos a comprender la realidad que nos rodea en las pérdidas:
Ellos viven
“Ante los que partieron, precediéndote en la gran mudanza, no permitas que la desesperación te ensombrezca el corazón.
Ellos no murrieron… están vivos.
Comparten tus aflicciones, cuando te lastimas sin consuelo. Se inquietan con tu rendición a los desafíos de la angustia cuando te apartas de la confianza en Dios.
Ellos saben igualmente cuanto duele la separación.
Conocen el llanto de la despedida y te recuerdan con las manos temblorosas en el adiós, conservando en la acústica del espíritu, las palabras que pronunciaste cuando ya no podían contestar las interpelaciones que articulaste en el auge de la amargura.
No admitas que ellos estén indiferentes a tu camino o a tu dolor.
Ellos perciben cuánto te cuesta la readaptación al mundo y a la existencia terrestre sin ellos y casi siempre se transforman en ayudantes de incesante ternura, amparándote en el trabajo de renovación o secándote las lágrimas cuando tocas la lápida o les adornas la memoria preguntándote: ¿por qué?
Piensa en ellos con la nostalgia convertida en oración.
Tus plegarias de amor, representan acordes de esperanza y devoción, despertándolos para visiones más altas de la vida…
Cuando puedas, realiza por ellos las tareas que estimarían proseguir y los tendrás contigo por infatigables veladores de tus días.
Si muchos de ellos son tu efugio e inspiración en las actividades a las que te sujetas en el mundo, para muchos otros de ellos, eres el apoyo y el incentivo para la elevación que se les hace necesaria.
Cuando te dispongas a buscar a los seres queridos domiciliados en el más allá, no te detengas en la tierra que les resguarda las últimas reliquias de la experiencia en el plano material, contempla los cielos en los que mundos innumerables nos hablan de la unión sin adiós y oirás las voces de ellos en el propio corazón que te dicen que no caminaron en la dirección de la noche, pero sí al encuentro del nuevo despertar”
Espíritu Emmanuel
Psicografía de Chico Xavier